Episodio 2. El silencio
Un día, Bego, te llamé para preguntarte la fecha de nacimiento de tu hermana. En un
audio, me dijiste que no te acordabas de la fecha exacta, que tenías que mirar en la
cartilla, en el libro de familia de tus padres.
Bego: Hola Isabel. Oye, yo sé que es octubre, sobre el veintialgo, no sé
exactamente el día. Fíjate, siempre tengo como recuerdo el día que ETA
anunciaron que paraban la lucha armada. Pues no sé si era un día antes o un
día después, que siempre pensé y dije, fíjate, dejan la lucha armada cuando mi
hermana nació, o sea, el día del nacimiento de ella. Pero bueno, seguiré
mirando en casa. Cómo suelen ser las cosas, que las tienes tan bien
guardadas, que luego no las encuentras, pues este es el caso,
No hizo falta esperar mucho: muy pronto me mandaste un mensaje de texto. “El
nacimiento de mi hermana fue el 21 de octubre del 58”, decías. Y decías, también: “El
fin de ETA fue el 20 de octubre de 2011, por eso me acordaba de que era un día
antes o un día después.”
Así que, cuando murió, tu hermana tenía 20 meses y una semana.
[Música]
En ese mensaje también me decías que en tu casa nunca lo habéis celebrado,
porque tus padres nunca hablaban de ese día.
Y he pensado en ellos. Y me los he imaginado en casa, tantos años sabiendo que era,
otra vez, un año más, el 21 de octubre. Un año más guardando la fecha del
cumpleaños de su primera hija, un año más sin contároslo a vosotros, a sus otros
hijos, un año más en silencio.
[Música]
Bienvenida, Bego, y bienvenidos y bienvenidas, a Se llamaba como yo, una serie
documental sobre la memoria de Begoña Urroz: sobre las 5 décadas de silencio de
una familia y sobre el ruido que lo rompió.
Una serie de De eso no se habla en coproducción con EITB Media y con el apoyo del
Ministerio de Cultura.
Y este es el episodio 2: El silencio.
[Música]
Al principio, tú y yo nos veíamos a solas. Juan Luis, tu marido, estaba de viaje cuando
hicimos las primeras entrevistas y yo pensé que había tenido mucha suerte por
haberte contactado mientras él no estaba: pensaba que te sentirías más libre para
hablar. Pero fue más bien al contrario: después de nuestras primeras charlas, él volvió
de su viaje, y empezó a estar en casa mientras hablábamos.
(Isabel: ¿Quieres que se quede? Te puedes quedar. O sea…
Juan Luis: No, no…)
A veces, yo le invitaba a quedarse en las entrevistas: tú querías, él quería y a mí me
gustaba que estuviera. Siempre se quedaba ahí, en segundo plano, siempre detrás
de ti, como apoyándote en silencio, sabiendo que ésta es tu historia.
Bego: Ya ves, ya ves que es muy tranquilo.
Juan Luis: Si me dices que no meta ruido…
Isabel: No, pero de verdad…
Y así, poco a poco, Juan Luis se fue convirtiendo para mí en Juanlu, y en parte de
este podcast.
Isabel: ¿Tú cuánto tiempo llevas casado con Begoña?
Juanlu: Uy, me has puesto una pregunta ahora que igual no sé contestar, pero
bueno… no. Son 37 años? Creo que son. Tenía… No, 36 porque yo tenía 30 y
tengo 66, 36 años…
Cuando os escucho hablar, pienso que me hubiera gustado mucho veros entonces,
cuando erais novios, antes de casaros.
Juanlu: Bueno, había que casarse algún día…
Bego: Yo siempre digo que cuando me casé…
Os imagino un poco como ahora: ambos sociables, cada uno con su cuadrilla de
amigos, y hablando sin parar el uno con el otro.
Ambi
Os imagino en esos momentos en los que quieres saberlo todo sobre la otra persona
y todo es descubrimiento y sorpresa… aunque a veces, ese saberlo todo no llega a
todas las áreas de la vida:
Juanlu: Yo creo que tardamos mucho en hablar de política, pero mucho
además. Es más, yo creo que hasta… Como quien dice, hasta que nos
casamos… El tema yo creo que no salía, a no ser que fuera un poquito, cuando
había un atentado o alguna cosa de esas es cuando entonces ya te ponías a
hablar. Pero en general los días, un día cualquiera que no hubiera, que no
hubiera nada raro, no se hablaba de política.
Quizá esto suene extraño para alguna gente, pero nosotras, que hemos crecido en
Euskadi, sabemos que esto es algo que puede pasar. Incluso en mi generación, yo
que soy 20 años más joven que vosotros, es difícil, a veces, hablar de política. De
hecho, cómo nombrar las cosas ha sido una de las partes más difíciles de hacer esta
serie.
Isabel: Bego, y tú no tenías, con la historia que tú tenías. No tenías miedo de
que quizá él… Es que no sé como decirlo, porque ya… Claramente no, no
hemos resuelto el problema vasco porque no sabemos ni cómo hablar el
problema vasco, ¿no? pero no tenías miedo de que, por ejemplo, él…
Bego: que fuera a favor de ETA? No, porque… Yo creo que ya se notaba la
gente, o sea tú ya palpabas en el pueblo, con la gente que tú estabas, quién
iba tirando por la política. Yo por ejemplo era anti… Eh… No sé cómo decirlo.
Yo no sé si por la educación de mis padres, que nunca han querido hablar de
esto. Ellos me han inculcado que de política, cero.
Pero no hablar de política implicaba no hablar de una parte muy importante de tu
vida.
Juanlu: ¿Cuándo me enteré de lo que había pasado con Begoña Urroz? Pues
yo creo que me enteré, creo… O muy poquito antes de casarme, o por ahí a los
años de llevar una relación ya con ella, igual de cuatro o cinco años mínimo. Y
seguramente, creo recordar que fue en una de esas comidas, que hacíamos
muchas comidas en casa de los padres de ella. Y la verdad que me quedé en
shock porque es que ni lo sabía. Ya no es esto, es que no lo sabía.
Y Juanlu no era el único en no saberlo.
Juanlu: Yo creo que 3 cuartas partes del pueblo no sabía lo que era, lo que
había pasado o igual el 80% fácil. para no saberlo, ni siquiera la cuadrilla de
ella…
Algo tan silenciado hacia fuera; y tan presente hacia dentro.
Porque, aunque en tu casa tus padres no hablaran de ello, honrar a nuestros muertos
acaba saliéndonos. Si no lo hablamos, acaba saliendo en otras cosas: en objetos que
guardamos, en gestos que nos recuerdan a quien no está. O en fechas que se repiten
cada año, como obligándonos a seguir haciendo, o no haciendo, el duelo.
Juanlu: Me acuerdo que en los que eran los aniversarios, que coincide
siempre con las fiestas del pueblo, tu madre nunca quería salir.
Bego: El día 28.
(El día 28, se te oye decirle por detrás)
Juanlu: No quería salir nunca. Alguna vez sí. Y una de esas veces que salimos,
además que estábamos… cohetes y de estos que echan. Y uno de esos
cohetes le vino, se le metió entre las faldas y le explotó ahí esto y vamos. Y ya
se puso mala, volvió a recordar todo… “Me habéis matado a la Hija me vais a
matar a mí”… Otra vez y se puso malísima. Me acuerdo de esa, de ese día,
vamos. Y a raíz de ahí yo creo que ya no volvió a salir.
No recordar el día del cumpleaños pero tener grabado el día de la muerte. Como si la
pena fuera el único lugar desde el que fijar el recuerdo cuando una familia se
enfrenta a lo incomprensible, a lo que no tiene explicación ni nombre posible.
Bego: Nada, más que nada por enseñarte…
Desde que tú yo nos conocemos, hemos paseado mucho por Lasarte.
Bego: Para… Mira, vamos a cruzar
Juanlu y tú os casasteis en los años 80: los años de la reconversión industrial, los
años en los que ocurrieron la mayoría de los asesinatos de ETA.
Bego: en aquella época, en los años 80, aquí se ponían bombas a los bancos,
En aquellos años, tus padres tenían una zapatería.
Bego: Bueno, nosotros donde tenemos, ahora vamos dirección a la tienda,
donde era la tienda de mis padres
Hoy no hay zapatos en ese escaparate, el local está vacío. Justo enfrente, está la
sucursal de un banco.
Bego: Mira dónde está el banco. Esto era una calle de coches, aquí se
aparcaba, era un aparcamiento de coches y fíjate, esta es la tienda pequeña
que era una zapatería… Entonces cada vez que ponían la bomba en el banco
explotaba la zapatería de mis padres. Pues yo no sé si recuerdo que fueron
dos o tres veces. Tengo ahí, creo que fueron tres. Nos llamaban, “Oye, venid
corriendo que han puesto una bomba y está la tienda destrozada”. Vete a la
noche, e intenta recoger como puedes. Imagínate los cuatro, despertarnos de
noche.
Bego: Porque claro, todo eso te ponían una bomba y cállate, no digas nada,
todo en silencio, aguantando, porque claro, todo otra vez era efecto colateral.
Claro, no nos ponían a nosotras la bomba, la ponían al banco, pero nosotros
justo también estábamos en frente, ntonces reventaba toda la zapatería. Todos
los zapatos tirados, todo destrozado. Cristales… Me acuerdo que aquella vez
mi padre ya no pudo aguantar más, reventó y dijo “¡Me habéis matado a la hija
y que queréis matarme a mí!”, como loco. Y entonces “Aita, cállate, por favor,
aita, cállate, aita, no digas nada, aita, cállate”. O sea, imaginaros, después de
perder la niña de una bomba, más segunda bomba, la tercera y encima pedirle
que se callara. Para que no lo oiría la gente, “Aita cállate, aita cállate”.
Desde que te conozco, hemos hablado mucho, y de muchos temas difíciles. De la
muerte de tu hermana, del peso de tu nombre, del silencio, del dolor de tu madre.
Pero nunca te he visto emocionarte tanto como cuando hablas de tu padre.
Bego: ¿Tú sabes lo que mi padre sufrió? Cada vez, con el atentado de la niña,
después las bombas; sin poder contar, sin poder hablar. Además, mi padre…
Cada vez que mataban a alguien y había alguna concentración, mi padre
siempre iba, pero nadie sabía. Él iba como podía ir yo o podrías ir tú. Nadie
sabía. Y no quería hablar. “No cuentes, no hables, tú cállate”. era “Ixo, ixo, ixo”.
Y así, entre ixo, ixo -”silencio”, o “calla”, en euskera- y sin que nadie os tuviera en
cuenta como víctimas, siguió viviendo tu familia durante muchos años, durante
muchas décadas.
[Música]
Hasta que, en el año 2000, hubo alguien que se interesó por vuestra historia.
Bego: Lo que pasa que es una letra que cuesta un poquito entender, pero
bueno.
Alguien que mandó una carta a tu madre.
Bego: es una carta desde la Universidad de Barcelona y aquí pone además
“Oficina de atención jurídica”, digo… Bueno, es como viene en catalán…
Alguien muy inesperado.
[Música]
Bego: “Apreciada Señora, gracias por su colaboración en conocer con más
precisión algo que no debe ser olvidado. La ternura por Begoña me ha
invadido mientras he andado con periódicos, revistas y libros así como por
teléfono. Reciba mi salutación más cálida. Paso temporadas en San Sebastián
y me gustaría darle un abrazo a quien lo sufrió tanto. Cordialmente, Ernest
Lluch”.
Ernest Lluch. Político, profesor, hombre público. Fue Ministro de ministro de Sanidad y
Consumo en los años 80, con el primer gobierno del Partido Socialista. En el año
2000, cuando mandó esta carta a tu madre, no tenía ningún cargo político, pero
seguía ligado a la universidad, donde era catedrático -de ahí el membrete de la carta-
y seguía siendo una figura muy relevante.
Para mí fue muy sorprendente encontrar a LLuch en esta historia: LLuch era uno de
los políticos del gobierno español más respetados y queridos por casi todo el
espectro político. También en Euskadi. Lluch era catalán, pero tenía mucha relación
con el País Vasco. Tenía una casa en Donosti, muy cerca de Lasarte. Era socio del
orfeón donostiarra, de la Real Sociedad y pertenecía a organizaciones como Elkarri:
un movimiento social que buscaba una solución pacífica y dialogada al conflicto
vasco, al tema vasco, a nuestra historia de violencia política.
Txema Urquijo, uno de los fundadores de Gesto por la paz y con quien hablé mucho
para esta historia, lo recuerda como un “pontonero”, alguien que hacía puentes.
Txema: Esa gente que puede ayudar, esa gente heterogénea tan
imprescindible en tantos movimientos: los heterodoxos. En todo movimiento,
en todo proceso, la heterodoxia es fundamental. Y Ernest Lluch era un
heterodoxo. Era gente que no le iba el esquema de “lo que dice el partido”,
que diga no, no, en este tema yo creo que hay que mover las aguas, hay que
remover esto porque si no esto no se mueve.
Una de sus intervenciones más recordadas es esta.
[Ambi vídeo]
Un escenario en la plaza de la Constitución de Donosti, “La consti”. Es el año 1999, y
es un mitin del Partido Socialista. Frente a él, cientos de personas con pancartas y
carteles a favor del acercamiento de los presos de ETA a Euskadi.
[Sigue vídeo]
Ernest Lluch, con americana color crema y corbata granate sube al escenario. Parece
eufórico.
Ernest Lluch: ¡Qué alegría! Qué alegría llegar a esta plaza y ver que los que
ahora gritan antes mataban. Y hora no matan. ¡Qué alegría!
“Qué alegría ver que los que ahora gritan antes mataban”, se le oye decir. Aquel año,
en el 99, ETA estaba en medio de una tregua.
Ernest: ¡Que ha llegado la libertad y la democracia a este país! ¡Que no se
enteran!
Algunas personas le aplauden. Otras, la mayoría, le abuchean cada vez más.
Ernest: ¡Gritad más, que gritáis poco! Gritad…
Y ahí lo dijo.
Ernest: ...porque mientras gritáis, ¡no mataréis!
“Gritad, porque mientras gritáis no mataréis.” Esa frase pasó a la historia
Ernest: …alegría para este país que hemos ganado…
Un año después de ese mitin, en el verano del año 2000, Ernest Lluch llamó a
vuestra vecina para preguntarle por la muerte de tu hermana. Esa vecina era Isabel, la
dueña de la cocina con la que abrí esta serie, la cocina donde se hacían las reuniones
de Bizikidetza, del grupo de convivencia de Lasarte. La cocina gracias a la cual te
conocí. No sabemos cómo Lluch consiguió su número. Isabel era conocida en el
pueblo porque participaba en muchas asociaciones, en muchos grupos, desde
Proyecto Hombre hasta la Pastoral de la Iglesia. Y quizá por eso era más fácil
conseguir su número que el de tu familia. Y es que la cocina de Isabel estaba pared
con pared con vuestra cocina, donde vivía tu familia cuando murió tu hermana.
Así que cuando sonó el teléfono, Isabel salió a la escalera y le tocó la puerta a tu
madre: era Ernest Lluch, le dijo. Llamaba para interesarse por la historia de la niña.
Ambas mujeres lo escucharon pegadas al mismo auricular del mismo teléfono. Así es
como te lo contaron a ti, así es como me lo contaste tú a mí, y así es como me lo
imagino yo, cada vez.
No sabemos qué les preguntó Lluch, si fue una llamada larga, si fue una llamada
breve. Lo que sí sabemos es que les dijo que quería ir a conocerlas. Y que, unas
semanas después de la llamada, le llegó a tu madre la carta que me leíste. 4 días
después de esa carta, Lluch publicó un artículo en varios periódicos. Desde La
Vanguardia, el periódico más leído en Cataluña, hasta El Correo y el Diario Vasco, los
dos periódicos más leídos en Euskadi. El artículo se llamaba “la primera víctima de
ETA”.
Lluch escribió que, a pesar de que todo el mundo creyera que la primera víctima de
ETA era José Antonio Pardines, un guardia civil asesinado en el año 68, su primera
víctima fue en realidad una niña. Tu hermana. Lluch escribía: “La familia confirma que
el bebé se llama Urroz y que tenía 22 meses”, como probando aquella llamada que
hizo a casa de la vecina, a casa de Isabel.
Bego: Fue una de las primeras noticias. Entonces para mi madre aquello fue
que todo el mundo se enterara de lo que había pasado. Y ahí Ernest dijo, el
artículo si que decía que era ETA, entonces mi madre, para ella eso iba a misa.
Ese artículo no solo fue a misa, como dices tú, para tu madre: para mucha gente, fue
el artículo que inició y que apuntaló la idea de que tu hermana había sido la primera
víctima de ETA. Y, por eso, de alguna manera, siempre acabaremos volviendo a él en
esta serie.
El artículo de Lluch termina así: “A la madre de Begoña, que vive, quisiera extenderle
toda la ternura desde el 28 de junio de 1960 hasta el final. A sus asesinos, que el
remordimiento les devaste. Indigno inicio en el pecado original de ETA.”
Fue la primera vez que tu madre se sintió reconocida como víctima de manera
pública. Isabel y ella contaban los días para poder abrazar por fin a ese hombre. Pero
ese día no llegó.
Presentadora: Buenas noches, el ex ministro socialista Ernest Lluch ha sido
asesinado esta noche en el parking de su domicilio de dos disparos en la
cabeza. El atentado se produjo poco antes de las diez de la noche aunque el
cadáver…
ETA lo asesinó el 21 de noviembre del año 2000, en Barcelona. Dos meses después
de haber escrito ese artículo. 4 meses después de haberle prometido a tu madre que
iría a conocerla.
[Ambi manifestación]
Samanta: Un millón de personas las que se han acercado hasta aquí. Un millón
de personas…
Su asesinato fue una conmoción para muchísima gente. Yo me acuerdo de ver por la
tele la manifestación de Barcelona, 1.000.0000 de personas marchando en silencio,
todos los políticos en la cabecera: Aznar, Zapatero, Ibarretxe… no era nada común
verlos juntos, eran tiempos muy convulsos, se acababan de romper las negociaciones
entre el gobierno de Aznar y ETA, y unos acusaban a otros del clima político, de no
ser lo suficientemente duros con el terrorismo. Y por eso fue tan sorprendente, y por
eso recuerdo tan bien lo que dijo la periodista Gemma Nierga, en el escenario, al final
de la manifestación.
Gemma: Y ahora quiero acabar este manifiesto con una petición. Y lo digo en
castellano para que me puedan entender todos absolutamente. Estoy
convencida que Ernest hasta con la persona que le mató hubiera intentado
dialogar. Ustedes que pueden, dialoguen por favor.
En casa de tu madre la muerte de Lluch también fue una conmoción. El día de su
asesinato, Isabel le tocó la puerta a tu madre.
Bego: “Jesusa, ¡han matado a Ernest Lluch!”. Se abrazaron las dos llorando.
Yo me acuerdo que me quedé paralizada.
Mientras recordabas aquel abrazo, en tu propia cocina, me contaste algo que me
sorprendió mucho:
Bego: Creo que fue al mes o algo más. Entonces yo creo que mi madre pensó
“a este lo han matado porque ha dicho lo de que si ha sido ETA”.
Tu madre, pensando que a Ernest Lluch lo mataron por el artículo sobre tu hermana.
Tu madre, añadiendo más peso a su silencio: ser la madre de una víctima y, de
repente, cargar con la culpa de otra víctima.
[Música]
Nunca podré preguntarle a Ernest Lluch cómo llegó al tema de tu hermana ni por qué
se interesó tanto por ella, ni cuánto tiempo pasó investigando, pero te aseguro que
es una de las preguntas que más me he hecho mientras hacía esta serie.
[Ambi exterior]
Y ya que no podía preguntárselo a LLuch directamente, pensé que para tratar de
encontrar la respuesta tendría que acudir a un oráculo. O a lo más parecido a un
oráculo: a su archivo personal.
Isabel: Hola, Esther.
Esther: Hola, ¿qué tal?
El archivo de Ernest LLuch está en Vilassar del Mar, un pueblo precioso en la costa de
Barcelona, a media hora en tren de la ciudad. Está dentro de su fundación.
Esther: Bienvenida.
Isabel: Gracias.
Fui un día de diciembre, justo antes de las vacaciones de navidad, y el archivo estaba
vacío: solo estaba allí Esther, la bibliotecaria.
Esther: Yo a ver, lo único que te he podido traer son todo lo que tiene
referencia o que he leído que tenía algo que ver con el País Vasco.
Isabel: Vale.
Lo que yo quería era justo eso: buscar en los papeles de Lluch sobre Euskadi algo
que hubiera podido llevarle hasta la pista de tu hermana.
Esther: Pero claro, yo no sé si puedes encontrar algo que te sirva,
Y es que el artículo que escribió Ernest LLuch en el año 2000 se ha vuelto una pieza
fundamental de esta historia: la mayoría de las personas con las que hablé lo
conocen, lo citan, lo señalan como el inicio de todo
Esther: …No creo que haya nada al respecto…
“Lo dijo Lluch”, dicen, “lo escribió Lluch en el año 2000”.
Esther: Porque es algo que él escribió en uno de los libros que habrá. Te lo
daré, te lo dejaré. Y es un escrito que hizo La Vanguardia.
[Ambi]
Pero, en realidad, aquella no fue la primera vez que Lluch se interesaba por tu
hermana. Antes de aquel artículo, había publicado ya otros diciendo que tu hermana
era la primera víctima de ETA.
Isabel: Hizo tres, hizo dos antes.
Esther: Anteriores al de La Vanguardia.
Isabel: Sí.
El primero que he encontrado es del año 93, y se titula: “Eta no nació contra Franco”,
pero Lluch escribió más artículos después en los que hablaba de tu hermana como
eso, como la primera víctima.
Esther: Bueno, tú chafardea, cualquier cosa que necesites me dices.
Me gusta mucho estar en archivos. Me gusta el silencio compartido, sentir que todas
estamos ahí, sumergidas entre páginas, buscando tesoros. Ya sabes que soy filóloga,
así que seguramente sea por eso, porque he pasado muchas horas en archivos. Me
gusta, sobre todo, recorrer los caminos que van de un sitio a otro: ver cómo alguien
lee algo, cómo alguien lo cita y cómo otros lo leen después y lo van citando… y cómo
muchas veces esas citas van transformándose, muy despacio, un poco como ese
juego del “teléfono escacharrado”, donde la frase de inicio va pasando de una
persona a otra y luego es tan diferente a la frase que llega hasta el final.
Isabel: ¡Qué bonita letra!
Esther: Sí, también es bonita cuando no tienes que intentar leerla.
Isabel: Sí, la verdad es que sí.
Y un poco es eso lo que siempre me ha llamado la atención de la historia de tu
hermana: que la teoría de que era víctima de ETA se basó, en realidad, en muy pocas
fuentes. Y que esas fuentes se van repitiendo, de publicación en publicación,
cambiando un poquito y a veces sin contrastarlas. Cuanto más pienso en la historia
de tu hermana más creo que es, sobre todo, eso, una historia de fuentes. De quién
cita a quién, de cómo lo cita, de para qué. Así que, aprovechando el silencio del
archivo, me voy a poner un poco filológica y voy a contarte las fuentes que van
cimentando la historia de tu hermana, porque muchas de ellas vienen ya de estos
primeros artículos de Lluch. Y voy a intentar simplificar lo máximo posible, pero es
que en realidad es una parte muy importante de esta historia.
Esther: También esto es algo que leyó Ernest en algún sitio…
Isabel: Sí, él lo leyó…
En todos los artículos que escribió Lluch, parte de la misma información, de la misma
fuente: una nota al pie.
A veces se dice que la historia se escribe así, con notas al pie, y en este caso, fue así
de manera literal: esa nota es muy importante en esta historia. y fue, que yo sepa, la
primera vez que se puso por escrito la teoría de que tu hermana era víctima de ETA.
El autor del libro, el autor de la nota, es José Antonio Pagola, un cura que en aquel
momento era el vicario de San Sebastián. En su libro, hablaba sobre las posiciones de
la iglesia vasca respecto al “tema vasco”, ya sabes. Y en una de las primeras páginas,
escribió esta nota, te la leo: "En realidad, parece ser que la primera víctima de una
acción terrorista de ETA fue la niña de 22 meses Begoña Urroz Ibarrola, muerta el día
27 de junio del 60, al hacer explosión un artefacto colocado en la estación de Amara,
en San Sebastián". Y ahí, ya ves, primera vez, Begoña Urroz, 22 meses, 27 de junio,
víctima de ETA.
Y esta nota, algo que parece tan menor como una nota, será la fuente para todos -
pero todos- los artículos de LLuch, y también para todos -pero todos- los artículos y
los libros que vinieron después. Y, te aseguro, se escribió mucho sobre tu hermana
después.
[Ambi archivo]
Pero, por ahora, vamos con los artículos de Lluch.
En el primero, el del 93, Lluch solo se basa en esa nota al pie de Pagola, pero en el
siguiente, en el del 95, amplía sus fuentes: cita una cronología que encontró en el
diario Egin. Se titula “cronología de ETA”, pero en realidad es más una cronología de
los hechos más relevantes de la historia del País Vasco. Y entre esos hechos hay un
poco de todo: se habla mucho del Lehendakari Agirre, se habla de detenciones, se
habla de atentados, pero también hay cosas como la multa que les pusieron a los
jugadores del Osasuna en el año 59 por visitar el Centro vasco de Caracas (ojo, les
pusieron una multa de 250.000 pesetas de la época). O por ejemplo, en la cronología
también se cuenta que la Radio Parroquial de Tolosa tiene tres emisiones en euskera.
Cosas así. Y entre esos hechos, aparece la bomba que mató a tu hermana, pero con
dos detalles importantes: la fecha aparece mal -se dice que fue en diciembre del año
59- y además no se le atribuye a ETA. Pero aun así, en su artículo, Lluch se pregunta:
¿podría ser la misma niña? Refiriéndose a tu hermana.
Aunque Lluch lo formula como pregunta, poco tiempo después algunos artículos y
algunos libros empezarán a citar esa cronología para decir que tu hermana fue la
primera víctima de ETA. Los primeros después de Lluch son dos periodistas en el
diario ABC. Y en el año 98 aparece un libro que lo dice, ya en el texto, no como nota
al pie.
Isabel: Se han manifestado como elementos claves de ETA una gran parte del
activismo por medio de la praxis y su manifestación más aguda, el militarismo.
Y así, poco a poco, las fuentes van pasando de publicación en publicación, de año en
año, en un goteo pequeño pero constante.
Isabel: Fueron, por este orden, 1980, 79, 78, con 100, 85 y 69 asesinados
respectivamente…
Y, en el año 2000, Lluch publica su último artículo, el más famoso, el que tu madre
lee. Pero ya no cita ninguna cronología. Eso sí, ha hecho mucha investigación: ha
leído los artículos que aparecieron en la prensa cuando murió tu hermana, ha
consultado boletines del gobierno vasco en el exilio y hasta ha visto la reivindicación
que hizo el propio DRIL, la reivindicación que te leí en el primer episodio. Pero dice
que no se fía.
Lluch ha ido incluso al archivo de Lazkao, el archivo más completo sobre ETA. Pero
dice que no ha encontrado ningún documento que relacione a ETA con la bomba de
Amara. Y así, en lo que se basa Lluch para su último artículo, ese artículo del año
2000, [ese artículo que leyó tu madre y que por primera vez le hizo sentir que alguien
la reconocía,] ese artículo que tanta gente citó después es, ante todo, la nota de
Pagola. Y también dice que la familia recibió una versión oficial de la autoría de ETA y
que en su entorno vecinal -en vuestro entorno vecinal- no había duda de ello. Creo
que eso es una referencia a la llamada que hizo a casa de vuestra vecina Isabel,
aquella llamada del año 2000, 4 meses antes de que lo mataran, con las dos mujeres
pegadas a un auricular del mismo teléfono.
Isabel: La relación completa de personas asesinadas por la banda de ETA por
años queda así. Y aquí ya pone, 1960, Una.
En el archivo de Lluch encontré mucho material sobre su interés por Euskadi.
Isabel: Un folletito del Ayuntamiento de Donosti para aprender euskera y están
sus notitas. Blanca, zuri, negra, belza, blau, urdin, verde…
Y vi de qué manera había estudiado a ETA.
Isabel: … la revisión e importancia del marxismo como base doctrinal
ideológica de ETA.
Pero, por muchas horas que pasé allí tratando de descifrar su letra, no encontré nada
que hablara directamente de tu hermana, ni de si había hablado con el vicario Pagola,
ni siquiera -mi sueño- notas de aquella llamada que les hizo a Isabel y a tu madre.
Esther: ¿Estás? Qué bien. Bueno, has encontrado todo lo que…
Isabel: Ojalá más, pero…
Esther: Pero no, no hay más de lo que hay.
Isabel: No hay más.
Pero Lluch es una pieza fundamental de esta historia. Mucho de lo que vendrá
después se basará en ese artículo del año 2000: y yo necesitaba encontrar más
respuestas.
Isabel: Muchas gracias, deu.
[Ambi exterior]
Así que, como no encontraba respuestas en ese oráculo que es un archivo personal,
decidí visitar otro tipo de oráculo: el familiar.
Isabel: Vale, estamos bien. Bueno, te voy a pedir que te presentes. Que me
digas quién eres y dónde estamos.
Rosa: Yo soy Rosa Lluch Bramón. Soy profesora de Historia Medieval. Estamos
en el despacho de la Facultad de Geografía e Historia de la Universidad de
Barcelona, donde yo doy clases.
Rosa Lluch, la hija de Ernest, me recibió una noche de invierno en su despacho. Ya
eran vacaciones de navidad y parecía que éramos las únicas personas en aquel
edificio. Y quizá lo éramos. Rosa tiene 55 años, el pelo oscuro y unas gafas muy
vistosas, de montura azul. Se parece mucho a su padre. Y habla mucho de él.
Rosa: Cuando eres hija de Ernest Lluch sabes que muchas veces te
entrevistan, te preguntan, te piden… Por el nombre de mi padre.
Para ella la historia de tu hermana no era algo nuevo.
Rosa: Para él realmente sí. Begoña Urroz era como una fijación, era como un
como un referente que creía que había que reivindicar
Rosa es historiadora, y varias veces en nuestra conversación me habló de dos cosas
que me dejaron claro que para ella eran la parte más importante de hacer historia.
Rosa: todos dependemos de lo que ha quedado escrito, lo que alguien reconoce. Y él
lo leyó por escrito y a veces todos los que nos dedicamos a la investigación sabemos
que hay hilos que nos llevan a un camino, a un camino que no es el, que no es el
cierto pero que están llevando.
Una de esas cosas fundamentales para la historia es eso, el camino: la historia como
un proceso que se va haciendo con el tiempo. Los caminos que seguimos, los que
podríamos seguir pero dejamos de lado.
La segunda cosa es el contexto:
Rosa: Hay un historiador al que yo admiro mucho, que se llama Pier Vilar, y
que decía siempre el historiador está dentro de la historia
Y Para Rosa, los artículos de su padre estaban haciendo justo eso: conversar con su
propia historia, con su contexto.
Rosa: Yo pienso que en el año 2000 se necesitaban revulsivos. por lo menos
aparentemente, y por lo menos desde fuera, parecía que había parte de una
sociedad que estaba comprendiendo, entendiendo y callando ante unos
atentados terroristas y que también hacía falta buscar un revulsivo y decir oye,
que aquí no hubo distintas, distintos movimientos, que la violencia es
condenable siempre.
A lo largo de las entrevistas que he hecho para esta serie, mucha gente me ha
hablado de LLuch con admiración y esa admiración muchas veces llevaba, creo, a
quitarle intención: me han llegado a decir que Lluch escribió ese artículo pero que no
tenía motivación política al escribirlo. Y al principio, debo decirte, Bego, yo pensaba lo
mismo, como si el respeto por la figura de Lluch nos llevara a todos a eso, a negar
que tuviera una intención política. Pero después, mientras he ido investigando, y
sobre todo cuando hablé con Rosa, me di cuenta de que decir eso era hacer de
menos a Ernest Lluch. Porque Ernest era, ante todo, un hombre político: cómo no iba
a tener intencionalidad política al escribir estos artículos.
Rosa: Ahí yo sí que creo que que mi padre insistió en demostrar que la primera
ETA y que la primera víctima no merecía ser víctima, y que justificar que las
primeras víctimas o dejar entrever o dejar sospechar o insinuar que algunas
víctimas se lo merecían, pues es un error.
Rosa habla de “provocación” a veces, de “intervención” otras. Y es que, al escribir
sobre este tema, Lluch se estaba insertando en un debate que lleva décadas abierto.
El debate sobre si alguna vez hubo una “ETA buena”. Que puede sonar raro para
quien no lo conozca, pero se llama así, con ese nombre. La revista de Gesto por la
paz del año 2010, por ejemplo, recoge ese debate y se titula así: la ETA buena, la
ETA mala. Y ese debate, básicamente, se pregunta si, antes de la democracia, ETA
tuvo alguna legitimidad. Es decir, si hubo una ETA antifranquista y que luchaba por la
libertad, o si desde el principio ETA era un movimiento nacionalista que auguraba lo
que vendría después.
Y, por eso, quién fuera la primera víctima era importante: ETA podía ser un grupo que
comenzó matando primero a un guardia civil y después a un torturador franquista o,
un grupo que ya en su origen, había cometido el peor crimen posible: matar a una
niña. Una especie de pecado original. De hecho,el último artículo de Lluch, el del año
2000, se publicó en la Vanguardia justo con ese título.
Rosa: El título “El pecado original de ETA” a mí me parece una provocación.
Una provocación para remover conciencias, una provocación para remover,
que es verdad, que es que es verdad que ahora visto con el tiempo se
posicionó en un tema que igual no hacía falta y sobre todo, que había que
tenerlo muy comprobado.
Rosa: Entonces, ¿por qué Ernest Lluch se metió en este jardín? Pues no tengo
la respuesta.
Rosa no tenía la respuesta y yo tampoco esperaba que me la diera. Pero sí quería
preguntarle qué pensaba ella, qué opinaba sobre lo que pasó después con aquellos
artículos: cómo habían iniciado toda una tradición que situaba a tu hermana como la
primera víctima de ETA.
Rosa: A mí, sinceramente, yo me dedico a los siglos XIV y XV. Todo esto me
queda muy lejos, pero a mí a veces me hace sospechar, ¿por qué nos tenemos
que concentrar tanto en un caso que en realidad era un caso más? Estamos
hablando de una violencia que no se debió ejercer nunca. y que entonces al
final también ha habido algunos ambientes que han cogido este caso de
Begoña Urroz para echarse los platos en si era la primera víctima de ETA o si
no lo era, Sobre todo porque es un hecho que no nos afecta a nuestro día a
día actual, pero sí que afecta al pasado. Sí que afecta al inicio, sí que afecta a
una justificación, a un origen, a un la lucha en un principio tuvo algún valor,
tuvo algún sentido. Entonces creo que es un acto claro de utilización de una
víctima del terrorismo o de unas víctimas al terrorismo.
Y Rosa pensaba que, en medio de esa utilización, quienes perdían eran siempre las
mismas: las víctimas.
Rosa: Oye, fue una víctima ¿quién causa el dolor? Al final estamos viendo que
la sensación de vacío, la sensación de soledad, la sensación de incomprensión
por las víctimas, es muy parecido siempre.
[Música]
Quizá por eso a tu madre le había afectado tanto el asesinato de Ernest LLuch. Se lo
conté a Rosa. Le conté cómo recibió tu madre la muerte de su padre. Y la culpa con la
que, me dijiste, había cargado siempre.
Isabel: Y de hecho la madre de Begoña se murió pensando que a Ernest lo
habían matado por su artículo sobre Begoña. No sé si eso lo habías oído
alguna vez.
Rosa: Yo sí he escuchado de todo, que lo mataron por el artículo de Begoña,
que lo mataron porque estaba buscando vías de diálogo. Ahora, yo creo que la
madre de Begoña tenía que haber muerto en paz. O sea, quien le mató, le
mató porque le dio la gana, no por nadie. Y que nadie se tiene que sentir
responsable de los actos de otros. Y eso me parece triplemente injusto,
porque ya suficientemente víctima es como para que te hagan cargar con otra.
Y como la historia no es lineal, y estábamos haciendo un ejercicio de mezcla de
tiempos, hablando del pasado, y a la vez del presente, le pregunté qué creía ella que
hubiera hecho su padre si hubiera sabido que se había equivocado.
Rosa: Yo creo que mucha gracia no le hubiera hecho. porque reconocer que
no estabas en lo cierto siempre es complicado, pero yo lo habría acabado
reconociendo. Hay un artículo, ya no me acuerdo que artículo es, que a mí
como como investigadora, me gusta porque él dice ojalá tuviéramos un lápiz
rojo para ir corrigiendo lo que escribimos al principio y que no pasa nada por
corregir. Yo creo que hubiera corregido, no muy satisfactoriamente al principio,
pero hubiera corregido.
Y también le pregunté lo que, secretamente, me hubiera gustado preguntarle a su
padre desde que empecé a trabajar en esta historia.
Isabel: ¿Crees que le gustaría que estuviéramos, que estuviera yo haciendo
esto?
Rosa: Bueno, en el fondo sí, porque todos tenemos un punto de vanidad y
luego es “Bueno, que hablen de mí, aunque sea para decir que me
equivoqué”.
Isabel: Le voy a decir “Ernest, la que liaste”.
Rosa: Sí, Ernest la que liaste. Pero fíjate. Si no la hubiera liado, ¿estaríamos
hablando de Begoña Urroz? Si él no hubiera dado un altavoz a una nota al pie
de página, ¿estaríamos hablando de Begoña Urroz? Hay muchos casos en los
que haría falta saber la verdad, pero también es cierto que a veces incomoda y
que me incomoda a mí. Y supongo que no seré la única que me siento
incomodada, porque luego es como… Si estás a favor, estás a favor de una
cosa. No. Nosotros creemos que la verdad hay que saberla. Y si tenemos que
hacer autocrítica pues hagámosla.
Y, al final de nuestra conversación, le pregunté si tenía un mensaje para ti.
Isabel: ¿Le quieres decir algo a Begoña?
Rosa: Hombre, todo nuestro reconocimiento. Somos víctimas. Y además yo
entiendo que el calvario por el que ellos han pasado después no tiene nada
que ver con el nuestro o con el mío, ¿no? Al minuto cero Cataluña se había
volcado con la familia de Ernest Lluch. En cambio, nadie reconoció a Begoña
Urroz.
[Ambi cocina]
De vuelta en vuestra cocina, os hice escuchar la conversación con Rosa.
Bego: Me ha gustado oírle, me ha gustado oírle.
Juanlu: Tenía como las ideas muy, muy claras, muy, muy claras. Hablaba de su
padre, de ellos y tiene toda la razón en ese sentido.
Bego: Lo que ha dicho, sí, sí.
Juanlu: La que hemos liado, sí, pero también tiene razón, dice ¿y si no la
hubiera liado se seguiría hablando de eso?
Bego: Eso también me ha quedado a mí.
Juanlu: ¿Hubiera salido este tema?
Bego: Si él no hubiera sacado sus artículos, ¿se hubiera hablado del tema?
Tú me contaste que, para tu familia, el asesinato de Ernest Lluch fue una nueva
manera de sumiros en el silencio.
Bego: Ya allí, se murió, Fue una pena muy grande y se hablaba en petit comité
en casa, pero no se hablaba nada en la calle ni nada. Pero nada, nada, nada.
Juanlu: Nada, nada, nada, nada.
Y tu familia siguió su vida así: viendo, oyendo, callando, como dices tú muchas veces.
Como habíais aprendido antes de aquel artículo de Lluch.
Así se murió Juan, tu padre, en el año 2008.
Bego: Mi padre se murió sabiendo, pensando que era ETA, vamos, es así de
claro. Mi padre se murió sin que muchísima gente supiera. Mi padre se murió
sin ningún tipo de reconocimiento. Mi padre se murió en el absoluto silencio y
en el absoluto dolor, tragado para él y para su familia. O sea, Mi padre se fue
de este mundo… Fíjate. Lo único que. Que sí recuerdo es que cuando él se
murió. Lo único que dijo es que. Que por fin iba a ir con su hija, ¿no? con su
niña. Entonces… fíjate que todavía, fíjate que son años, ¿eh? Es que es hablar
de mi padre y no lo puedo remediar. porque el pobre se fue callando, se fue
sin poder expresar, sin decir ni contar lo que él querría contar. Es triste. No
poder decir con toda la naturalidad, decir lo que le había pasado, que le
habían matado a su hija y contarlo. Y sacar ese dolor.
Y así parecía que se iba a morir también Jesusa, tu madre, sin sacar ese dolor, como
tú dices. Viendo, oyendo y callando.
Hasta que a finales de 2009, casi 10 años después del asesinato de Lluch, alguien os
hizo una propuesta. Eso, en el próximo episodio.
FINAL
Gracias por llegar hasta aquí y gracias por escuchar los dos
primeros episodios de Se llamaba como yo. La historia sigue, con
nuevos episodios, el próximo domingo, 8 de junio.
Si te está gustando esta historia, ayúdanos a que llegue a más
gente: recomiéndasela a tus amigas, a tu familia, a tus compañeras
de trabajo, o a quien tú quieras. Si tienes curiosidad por saber
más, en nuestra web tienes acceso a mucha más información sobre
estos episodios: fotos de la época, documentos y muchas cosas más en
www.deesonosehabla.com y en la sección de “materiales extra” de cada
episodio. También puedes suscribirte a nuestros canales en cualquier
plataforma de audio, y puedes hasta dejarnos una valoración.
Muchas, muchas gracias por escuchar. Hasta la semana que viene.