EPISODIO 1
Mujer: Aspalditik ez zinen etortzen…
Mujer: Es que entre una cosa y otra, entre el trabajo y…
Esta historia empieza en una cocina.
Mujer: Éramos vecinas.
Mujer: Claro, siempre…
Esa cocina está en Lasarte, un pueblo de Gipuzkoa, muy cerca de Donosti, de San
Sebastián.
Mujer: sí, hacíamos así contra la pared, toc, toc, toc, y la otra oía. “Ah, esto
serán los vecinos. A ver qué querrán”
Podría ser la cocina de cualquiera de nuestras abuelas: suelo de baldosa, fotos y
dibujos de niños en la nevera, una ventana que da a un balcón cubierto. Está
limpísima, tiene mucha luz.
Mujer: A por el azúcar, o la harina para hacer el bizcocho…
Desde hace 10 años, en esa cocina se reúne un grupo de vecinas y vecinos de
Lasarte que trabajan sobre la convivencia. Se llaman así, de hecho, “Bizikidetza”,
“convivencia” en euskera.
Mujer: Y la vida la hacemos en la cocina…
Son vecinas y vecinos preocupados por cómo la violencia de motivación política ha
influido en la vida del pueblo.
Lo que hacen, en la práctica, es esto: hablar.
Hombre: Pena hori geratzen zaizu?
Se reúnen con las personas que han sufrido ese tipo de violencia, hablan con ellas y,
como vecinos, reconocen su dolor.
Mujer: Bai, barkamena, edo…
Al principio, claro, no fue fácil.
Kike: Cuando nosotros empezamos la gente se extrañaba, nos veían juntos y
decía “¿qué hace ese con ese?”
Eran vecinos de distintas ideologías y querían reconocer a todas las víctimas del
pueblo.
Peio: Nosotros… Las primeras reuniones la gente no quería estar ni en un bar
ni en ningún sitio. Yo recuerdo que de las primeras que hicimos las hicimos
aquí mismo, ahí hay un parque, sentados en…
Rosabel: En un banco, tú y yo.
Peio: En el banco ese.
Así que tuvieron que buscar un espacio más íntimo, donde la gente pudiera reunirse
sin miedo a que los vieran. E Isabel, una de las integrantes del grupo, tuvo una idea:
Rosabel: Dijo “Pues en mi cocina. Venís a tomar un café y en mi casa Y
entonces se quedó la cocina de Isabel”.
Una cocina no es cualquier lugar de la casa. En euskera se dice “sukaldea”, “el lugar
al lado del fuego”.
Peio: El fuego de la casa es lo más importante. Hay muchos sitios, que el
caserío estaba en dos municipios, entonces el que marcaba a cuál pertenecía
era la cocina. O sea, aquí lo que importa es la cocina.
Isabel era, además, la mayor del grupo: tenía 80 años y llevaba toda su vida tratando
de crear puentes entre los vecinos del pueblo. Así que su cocina se convirtió en el
lugar donde el grupo se fue reuniendo, y reconociendo, y donde, paradójicamente,
los empezaron a reconocer, también, a ellos.
Kike: Yo creo que hemos conseguido que cualquiera de cualquier entorno
político nos pueda saludar.
Les costó años.
Kike: Y bueno, ya se ve con normalidad pues que un ertzaina vaya conmigo
o… pues una persona, la hermana de uno que ha asesinado la policía pues
también… Hemos conseguido algo…
Peio: Acabamos de estar en el supermercado con un ertzaina que era no sé
qué y a la siguiente estamos con la hermana del de ETA que mataron y tal…
[Música]
Conozco este grupo porque hace unos años, mi amigo Xuban, que también es de
Lasarte, hizo un documental sobre ellos. El documental sucede en esa cocina y se
llama así, Isabelen sukaldea, “La cocina de Isabel”. Xuban fue entrevistando a todas
las víctimas del pueblo y todas hablaban sentadas frente a esa mesa, con un hule
verde, rojo y blanco. Y un día, una mujer del pueblo se sentó en aquella mesa y contó
una historia que a Xuban le hizo pensar en mi obsesión con los silencios. Y me
mandó este audio.
Xuban: Txabelix. te cuento. La historia es que hay una niña que asesinan de
dos años en la estación de tren. Sus padres en seguida lo que hacen es tener
otra niña. Le ponen el mismo nombre que a la difunta.
Una mujer que llevaba el mismo nombre de su hermana que había muerto y a la que
no conoció.
Xuban: Entonces esta familia vive durante… Pues imagínate, 50 años casi,
pensando que fue víctima de ETA
Una familia que creía que había sido víctima de ETA.
Xuban: Y entonces, casi hace nada de años, al parecer se investiga de que
ese asesinato no fue de ETA…
Y que de repente, 50 años después, tenía que cuestionar su propia memoria, su
propio relato, su propio silencio.
Desde que escuché este mensaje de Xuban, no podía parar de pensar en cómo
habría vivido esa mujer con el peso de ese nombre, con esa memoria todos los días
de su vida. Y en cómo habría hecho para reinterpretarla después.
[Música]
Esa mujer y esa niña se llamaban Begoña. Begoña Urroz Ibarrola. Al principio, Begoña
no quiso que la entrevistara. Estaba pasando por un mal momento, no tenía ganas,
“quizá más adelante”, me dijo. Yo tampoco estaba en mi mejor momento, la verdad.
Así que pospusimos el encuentro, pero mantuvimos el contacto. Y justo un año
después de mi primer mensaje, Begoña me dijo que sí, que nos tomáramos un café:
solo un café, sin micro ni grabadora, en un bar de su pueblo.
Unos días después, yo llegué antes al bar de la plaza del pueblo donde me había
citado. Era verano, estaba nerviosa. Ella llegó puntual: el pelo rubio y liso, gafas sobre
unos ojos azulísimos, rozando los 60 años. No parecía nerviosa, pero ahora sé que sí
lo estaba. Tomamos una infusión, y después otra, y después otra. Ninguna tomamos
café y a las dos nos encanta hablar. Creo que si alguien nos hubiera visto desde fuera
hubiera pensado que éramos dos amigas que no se veían hacía tiempo, contándose
sus vidas. Pero claro, no éramos dos amigas: yo era una persona que quería conocer
su historia. Y, mientras hablábamos, supe que también querría contarla. Así que, al
final de la charla, le pregunté si podría entrevistarla, ya con grabadora y micro, y me
dijo que sí. ¿Le parecía bien al día siguiente? Le parecía bien.
[Ambi tren]
Así que, al día siguiente, me monté en un tren en la estación de Amara, en Donosti, o
en San Sebastián, y puse rumbo a Lasarte.
En los 15 minutos que dura el trayecto, fui pensando muchas cosas. Esa noche había
estado leyendo sobre la historia de aquella niña. Era una historia de muchas décadas
de silencio, pero que, de repente, en un momento, se había convertido en una
historia muy, muy mediática: la muerte de esa niña ocupó titulares, portadas, debate
público y llegó hasta el mismísimo Congreso de los Diputados. ¿Por qué tanto silencio
y por qué, de golpe, tanto foco?
Yo siempre cuento historias de silencios. El podcast que dirijo, este podcast, se llama
“De eso no se habla”, y había llegado a esta historia por eso: para entender cómo una
familia había vivido tantos años sin hablar. Pero ahora, de repente, parecía que esta
era, también, una historia de ruido. De mucho, mucho ruido.
Eso pensaba, en ese tren, de camino a Lasarte.
Pero pensaba, también, otra cosa. Algo más personal, que tenía que ver con mi
propia historia. Yo soy vasca. Nací y crecí en Euskadi. He contado muchas veces
historias sobre el País Vasco, pero nunca he contado una sobre el “tema vasco”,
sobre el conflicto, sobre el terrorismo, sobre nuestra historia de violencia política…
Sobre cualquier manera en la que queramos llamarlo, porque es que ni siquiera hay
palabras comunes para hablar de “lo que pasó”. Todas están cargadas. Si ni siquiera
sabía si decir Donosti o San Sebastián en esta locución, si decir Euskadi o País Vasco.
Y yo trabajo con palabras. ¿Realmente tenía yo ganas, fuerza, tenía yo valentía para
meterme en esta herida abierta de mi país? ¿En este tema prohibido para muchas,
sagrado para otros, cargado para todas? ¿En ese tema que es quizá el tema más
difícil de hablar para muchas de nosotras y desde luego para mí? ¿Estaba yo misma
entrando en mi propio “De eso no se habla”?
Y en medio de esas preguntas y de esos miedos, el tren seguía avanzando,
Megafonía: Lasarte Oria.
Y llegué a Lasarte, y Begoña me estaba esperando en la estación.
Begoña: Buenas tardes…
Y, de alguna manera, yo ya estaba metida en esta historia.
Isabel: Para un día que hace sol…
Begoña: Sí…
Así que bienvenidas y bienvenidos a Se llamaba como yo, una serie documental de 7
episodios sobre la memoria de Begoña Urroz. Sobre las 5 décadas de silencio de una
familia y sobre el ruido que lo rompió.
Begoña: Prácticamente mira, la zona donde vivía mi madre…
Una serie de De eso no se habla en coproducción con EITB Media y con el apoyo del
Ministerio de Cultura.. Yo soy Isabel Cadenas Cañón.
Y este es el episodio 1. Begoña.
Isabel: Qué bonito. La terraza…
Begoña: Vamos por este lado porque ahí hace más sombra. Bueno, estamos a
tiempo.
Nuestra primera entrevista la hicimos en el salón de su casa. Es un salón luminoso, da
a un balcón con muchas plantas. Y mientras yo me iba fijando en los objetos del salón
-placas, fotos, flores secas, pequeñas figuritas de porcelana-, Bego abrió un cajón y
sacó una carpeta.
Begoña: Te quiero enseñar la carpeta donde tengo todos los recuerdos,
fotos…
Era la carpeta de “la niña”. En Lasarte, algunos aún llaman a su hermana “Begoñita”.
Pero ella nunca la llama por su nombre. Siempre la llama así, “la niña”. Y así la llamaré
yo también en esta serie.
Begoña: Bueno, no te puedes imaginar lo que tengo aquí guardadas…
Bego fue leyéndome los recortes de la carpeta y mientras yo pensaba que, para
muchas víctimas, esas carpetas son, muchas veces, una parte más de las casas:
siempre están ahí, guardadas en un cajón o sobre la mesita del salón, como una
presencia más.
Begoña: Mira, mira qué chaquetita más bonita tenía mi niña, era de angorina.
Cada vez que veo esta foto digo “mira qué sombrerito, qué gorrito”… A mi
madre siempre le ha gustado que fuéramos bien, que fuéramos guapos. Qué
bonita mi niña, y mis padres jóvenes, ¿tú sabes la felicidad que tenían? Y se la
arrancaron. Pero bueno, son cosas que ocurren y tenemos que bregar con
ellas.
Después, al ir escuchando más a Bego, me di cuenta de que termina así muchas
frases, como evitando la emoción, como asumiendo lo que pasó en aquel verano del
60, antes de que naciera.
Begoña: El 27 de junio del 60, una bomba estalla en la estación de Amara, en
San Sebastián. Begoña Urroz Ibarrola, de 22 meses, murió abrasada.
Y ahí, en la carpeta, un artículo de prensa que lo cuenta.
Los padres de Bego se llamaban Jesusa y Juan. Habían emigrado a Lasarte desde un
pueblito de Navarra, Beintza Labayen, porque Juan había conseguido trabajo en la
fábrica de electrodomésticos Moulinex. Aquel día de 1960 era lunes: mientras Juan
estaba en la fábrica, Jesusa se montó en un tren en Lasarte, camino a San Sebastián.
Llevaba a su única hija, a la niña, a Begoñita, en brazos. Iba a comprarle unos
zapatitos. Al día siguiente, iban a ir a visitar a la familia a su pueblo de Navarra, y
Jesusa quería que la niña estuviera guapa. Por eso los zapatitos nuevos. Cuando
llegó a la estación de Amara, en Donosti, con la niña en brazos, fue a la consigna de
equipajes. Su tía Soledad trabajaba allí y Jesusa pensó que sería más fácil y más
rápido comprar los zapatitos si dejaba a la niña con su tía. Era cuestión de minutos. Y
en esos minutos es cuando sucedió. La madre de Bego lo contaba así.
Begoña: Y nada, que ella recuerda de que en una maleta iba a la bomba y
claro, cuando ella volvió se encontró con todo y su hija pues eso, estaba
prácticamente quemada, no sé si tenía el 80% quemada.
Un mozo de equipajes de la estación consiguió sacar a la niña de las llamas y la
llevaron de urgencia a la clínica del Perpetuo Socorro. Esa maleta bomba había sido
parte de una cadena de explosiones: estallaron bombas en Barcelona, en Madrid, en
Bilbao; pero solo la de Amara provocó víctimas. Hirió a otras 5 personas, entre ellas a
Soledad, la tía de Jesusa. Jesusa se pasó la noche en el hospital, al lado de su hija.
Pero las quemaduras habían sido muy graves: al día siguiente, a las 7 de la mañana,
la niña Begoña murió.
Su entierro fue ese mismo día, el 28 de junio, en la iglesia de Lasarte.
Aquel día eran fiestas en el pueblo, las fiestas de San Pedro. Y esa fecha, el 28 de
junio, es una fecha de la que Bego me hablaría muchas veces más. Porque a su
madre, a Jesusa, se le quedó grabado a fuego aquel día. Y Begoña lo cuenta como si
también lo hubiera vivido.
Begoña: Cuando enterraban a la niña bajaban en una cajita blanca, bajaban a
la niña para enterrarla, pues justo en ese momento pasaba por delante… Pues
la charanga y en fiestas. Es como que en el pueblo no sabían. Sí, había muerto,
pues como si entierras mañana a cualquier vecino, ¿no? Entonces mi madre
siempre contaba pues el dolor, ¿no? De bajar la cajita de la niña y la gente
estar saltando y bailando. Entonces ese día ella le tenía terror.
Desde el día del entierro, Jesusa empezó a ir a rezar todos los días a la Iglesia.
Begoña: No sé exactamente cómo se llama la iglesia. Es… Capuchinos, ¿puede
ser? Es de donde está la estación, un poquito más adelante. Entonces iba ahí
todos los días a rezar porque ella quería quedarse embarazada, tener otra
niña.
La niña había sido su primera hija. Querían otra hija sí o sí, me dijo Bego.
Begoña: Cuando ponen la bomba fue en el año 60. En el 61 nació mi hermano,
en el 62 nací yo.
Al niño lo llamaron Jon. Y a ella la bautizaron con el mismo nombre que a su
hermana: Begoña.
Begoña: No sé si es un acierto, pero bueno, esa es la… La losa o el recuerdo o
no sé que decir, de mi hermana. Yo hay veces que pienso que somos dos. Soy
una, pero somos dos.
Para Bego no es fácil explicar el peso de ese nombre.
Begoña: Es como decir. Eh, ¿cómo lo diría? Es que… A veces es que es difícil
expresarlo, ¿no? Como que mi hermana, siempre está ahí. Como si sería... “No
te olvides de ella”, ¿no? No te olvides de ella. Siempre está ahí.
Y es que la niña ha influido en ella mucho más que en el nombre. En nuestras
primeras charlas le pregunté si se consideraba una víctima del terrorismo y me dijo
que sí, pero también me dijo que había sido víctima, sobre todo, de otras maneras.
Begoña: víctima en el sentido de que al matarla, mis padres, la actitud hacia la
educación de sus hijos cambia, por lo menos con respecto a mí. Si mi hermana
no hubiera muerto, yo hubiera sido de otra manera. Mi vida sería otra. Porque
mis padres me hubieran tratado probablemente de otra manera.
Una de las cosas más importantes para ella es la sobreprotección.
Begoña: Han suplido… Esa falta de la niña, se la han volcado conmigo, ¿no?
Por eso era como decir “bueno, perdimos una y esta es la que no vamos a
perder y es la que vale por las dos”, ¿no?
Bego creció con mensajes de que todo alrededor era peligroso, de que había que
protegerse de todo.
Begoña: Nos íbamos de vacaciones. “Ay, ¿tenéis que salir de vacaciones? A
ver, ¿os puede pasar algo?” Íbamos… “Tened cuidado con el coche” en vez de
coger y animarte y decirte “Ay, pasadlo bien, disfrutad de las vacaciones”,
siempre era “A ver si os va a pasar algo”. Todo iba enfocado, siempre,
siempre, siempre el miedo.
Y parece que eso fue calando en ella: por ejemplo, heredó el miedo a la fecha de la
muerte de la niña.
Begoña: Y fíjate, esas son pequeñas cosas que también al final te afectan,
¿no? Porque llega el día 28 y siempre estás “No pasará algo malo, no pasará
algo malo”.
Begoña también me ha hablado mucho sobre cómo esos miedos han marcado a la
mujer que es ahora.
Begoña: Yo no sé andar en bici, yo no sé conducir, o sea… Quiero decirte que
ellos me han transmitido de tal manera que yo tengo muchos miedos. En esta
vida aprendes de lo que ves, de lo que te enseñan, de lo que te educan. Y
luego es muy difícil cambiar todo eso, entonces por eso mi vida creo que
hubiera sido diferente.
Hay otra cosa que marcó la infancia de Bego. Es el silencio. El silencio que
acompañaba, necesariamente, a ese miedo.
Al principio, el silencio fue algo impuesto por lo que tocaba en aquellos tiempos:
Begoña: Yo creo que mi madre no tuvo tiempo de pensar nada. Ella sabía que
enterrar a su niña y trabajar…
Y lo que tocaba, en aquellos tiempos, era trabajar
Begoña: Era así de claro. La consigna de San Sebastián no se podía cerrar. La
consigna tenía que estar todos los días abierto, porque es donde se dejaban
las maletas. Entonces, como la tía no podía estar, tuvo que ir mi madre,
entonces mi madre… Fue enterrarla y al día siguiente ir a trabajar. O sea, ella
no tuvo ni un día de duelo.
Después, la tía Soledad volvió a la consigna, nacieron ella y su hermano, pero ese
silencio de alguna manera se quedó ahí, como cronificado.
Begoña: Si ya en casa el tema no se hablaba mucho, era… No se hablaba
mucho, no, por decir muy poco, casi nada. Era como otra circunstancia.
Aquello ocurrió cuando yo no había nacido, entonces vamos a dejarlo ahí, ¿no?
Ocurrió y ocurrió. Vamos a seguir la vida. entonces, pues no… No se hablaba,
en casa no se hablaba de ese tema.
Así que Bego y su hermano fueron entendiendo lo que pasó con la niña por los
murmullos cuando pasaban por la calle, por las conversaciones oídas al vuelo.
Begoña: “Ay, pues… ¿Tú eres la hermana de aquella… Ay, ¿esta es la hija, la
hermana de aquella niña que tuviste?” le contaban a mi madre. “Uy, ¿tú eres la
hermana de aquella niña que se murió?” Entonces vas atando un poquito…
Como que alguien te cuenta, vas al pueblo y la gente va hablándote. “Ay, mira
que niña, qué maja esta” y tal. “Cómo nos acordamos de tu otra hija”, fue un
poquito así.
Otras veces, se hacían preguntas sin que nadie le dijera nada. Como cuando
empezaron a ir al cementerio a colocar flores en la tumba de la niña.
Begoña: Y yo siempre que veía el nombre a mi me suponía… Uf. Era fuerte
¿no? Ver ahí tu nombre y tus dos apellidos. Y pensar, ¿no? Decía “Jo, ¿ahí está
mi hermana o estoy yo?” ¿no? Era un poco siempre como esa pregunta de niña
¿no? O “¿Estoy yo? ¿Estoy yo ahí?”
Ante esas preguntas de sus hijos, sus padres tuvieron que empezar a contarles lo
que pasó, pero se limitaban a los hechos: pasó esto, en este año, en este lugar. Y ya.
Sobre todo ella, Jesusa.
Begoña: Ella no me ha expresado nunca qué sintió en ese momento, ¿no? A
ella le mataron una hija y a partir de ahí estaba todo dicho. “Mataron a mi hija.
Mataron a mi hija.” Es lo único que ella decía. “Mataron a mi hija.” Y bueno,
pues claro, con esa expresión ya te lo deja todo dicho, ¿no?
De todas maneras, en el pueblo tampoco se hablaba mucho del tema. La muerte de
la niña no tuvo casi repercusión en Lasarte. Bego me leyó un fragmento de
“Ausencias”, un libro que publicó el Ayuntamiento del pueblo en 2011 y que cuenta
así la muerte de la niña:
Begoña: Fíjate lo que pone: “en su momento, la muerte de Begoña Urroz
apenas tuvo repercusión social. No hubo ni manifestaciones públicas ni actos
de repulsa con los que la familia se sintiera apoyada. El silencio fue
protagonista, Ninguna autoridad ni asociación se acercó durante muchos años-
yo diría 50 años- para darles su apoyo”. Creo que no hace falta decir nada
más. Ya está todo dicho. Nadie se acercó.
Y parece que, en medio de ese silencio, nadie dio a sus padres una explicación sobre
la muerte de la niña: ni quién había puesto la bomba, ni por qué.
[Música]
En la prensa de la época tampoco quedaba claro. El Diario Vasco, La Voz de España
y muchos otros periódicos mencionaron el atentado. Y lo hacían de la misma manera:
reproducían una nota de prensa del Ministerio de Gobernación, una especie de el
Ministerio de Interior del franquismo. Esto era algo común en la época: los periódicos,
bajo el franquismo, difundían la versión oficial que les daba el propio régimen. La nota
de prensa termina así:
Begoña: “Con estos hechos se ha pretendido dar cumplimiento a las
consignas terroristas que elementos extranjeros, en cooperación con
separatistas y comunistas españoles, vienen propugnando insistentemente”.
No sé si la familia de Bego leyó el periódico aquellos días, no sé si estaban para eso,
pero esta es la única explicación que salió en la prensa de la época. Al menos, de
este lado de los Pirineos.
Y así fueron pasando los días, los meses, los años…
Así que, cuando un grupo empezó a poner pasquines y después a hacer atentados, y
después se supo que se llamaba ETA, Jesusa y Juan pensaron que la niña también
había sido víctima de ese grupo.
Begoña: Yo creo que fue una deducción... Pues clara, por la circunstancia en la
que estábamos viviendo. No porque nos lo hubiera dicho nadie, sino que la
circunstancia de lo que estaba ocurriendo en esos momentos era ETA. Aunque
tampoco ETA reivindicó, evidentemente, porque sí que reivindicaban
atentados, o lo que sea. En este caso no, pero claro, son los que estaban en el
País Vasco haciendo los atentados. ¿Qué ibas a pensar?
ETA nació a finales de los años 50. Desde que se creó hasta que dejó de matar, en el
año 2010, ha asesinado a 853 personas, según cifras del Ministerio del Interior. Pero
la niña Begoña Urroz no parece ser una de ellas.
[Música]
Esta no es una historia de detectives. Mi objetivo aquí no es descubrir quién mató a la
niña. Quién mató a la niña está claro desde hace años. Desde hace mucho tiempo
para algunos, desde hace poco tiempo para otros.
Y en esta historia, como en todas, todo depende, claro, del relato. De a quién leyeras,
de de quién te fiaras, y de dónde estuvieras, a veces, literalmente.
Por ejemplo, si sigues en el tren que conecta Donosti con Lasarte unas paradas más,
en menos de una hora llegarás a Hendaya, el primer pueblo del País vasco francés. Y
allí, en la prensa francesa, tres días después del atentado, el 30 de junio de 1960, el
periódico Le Monde publicó una noticia: una banda llamada DRIL había reivindicado
el atentado.
Isabel: ¿Tú me puedes decir qué era el DRIL muy brevemente?
Xavier: El DRIL es un grupo de acción integrado por españoles,
exiliados, republicanos y portugueses antisalazaristas, que se forma
para luchar contra las dictaduras de Franco y Salazar en Caracas, en
Cuba, en París, en Bélgica y en el norte de África.
Este es el periodista Xavier Montanyá. Fue una de las primeras personas con las que
hablé cuando empecé a trabajar en esta historia. Fui a verle a su casa de Barcelona,
una casa muy de investigador: tiene un despacho lleno, pero lleno, de carpetas, de
archivos, de documentos, en cajas, en estanterías, en el suelo. Montanyá es uno de
los mayores expertos sobre ese grupo, sobre el DRIL. DRIL son las siglas de
Directorio Revolucionario Ibérico de Liberación. Y Montanyá, lo acaba de decir, le
llama “grupo de acción”.
Cómo llamar al DRIL es un debate en sí mismo. Si buscas en Wikipedia, el DRIL es
una “organización terrorista formada en 1959 por exiliados españoles y portugueses
para luchar contra las dictaduras salazarista y franquista. Eso, si buscas en Wikipedia
en castellano. Si buscas en Wikipedia en portugués, se dice lo mismo -que lucharon
contra las dictaduras de Franco y Salazar-, pero en lugar de organización terrorista la
llaman “una organización armada antifascista”. De hecho, el líder del DRIL, Humberto
Delgado, es considerado un héroe antifascista en Portugal. Tanto, que el aeropuerto
de Lisboa lleva su nombre y que está enterrado, con dignidades de héroe, en el
panteón nacional de Portugal. Y no solo le hacen homenajes allí. A Delgado lo
asesinaron en Badajoz. Y allí, el presidente extremeño, Juan Carlos Rodríguez Ibarra,
le dedicó un monumento. Cuando lo inauguró, Rodríguez Ibarra dijo que Humberto
Delgado es “el símbolo de lo que hubo que pasar para que ahora los españoles y
portugueses vivan en democracia”.
¿Se puede considerar terrorista a un grupo, a una banda, a una organización que
lucha contra una dictadura? Este es un debate que lleva mucho tiempo abierto entre
quienes escriben la historia. En el caso del DRIL, por ejemplo, para algunos, léase
quienes han editado la Wikipedia en castellano, sí sería una banda terrorista. Para
otros, como quienes han editado la Wikipedia en portugués, no.
El caso es que el DRIL tuvo una vida corta, duró apenas 5 años. Su acción más
conocida fue la “operación Dulcinea”: en el año 61, 24 miembros del DRIL
secuestraron un trasatlántico portugués con más de 500 pasajeros a bordo. Los
retuvieron en alta mar, en medio del Atlántico, para tratar de llamar la atención
mundial sobre las dictaduras de Franco y de Salazar. El barco se llamaba Santa María;
y lo bautizaron Santa Libertad. En el secuestro hubo un tiroteo y el DRIL mató a un
tripulante de barco: esa sería su segunda y última víctima.
En el año 2004, Xavier Montanyá publicó un libro sobre ese secuestro. Lo tituló
“Piratas de la libertad”. Y, en ese libro, dedicó un capítulo a la campaña de bombas
del año 60, la campaña de bombas que mató a Begoña Urroz.
Por eso, como Bego, también tiene una carpeta con documentación sobre la niña.
Isa: ¿Esta carpeta qué es? Para alguien que no la esté viendo, ¿qué pone aquí?
Xavier: Bueno, “primera víctima de ETA y arxius espanyols”. 2012. Esto es que
claro, llegué… Tengo una caja entera o dos de material del DRIL de la
investigación del DRIL.
En realidad, tiene más de una carpeta.
Xavier: Entonces un día empecé a separar cosas porque… Pues para enviar,
para hacer mis artículos, para…
Ahí guarda los documentos en los que se basó para sostener que Begoña Urroz
había sido víctima del DRIL.
Xavier: A ver…
La reivindicación del DRIL en Caracas, dos días después del atentado…
Xavier: El Nacional. 29 de junio de 1960. Caracas, Venezuela. “El DRIL se
atribuye a las bombas que están estallando en España”.
Documentos diplomáticos de la embajada española de la época que informan sobre
esa reivindicación del DRIL…
Xavier: Entonces, el texto es: “el Directorio Revolucionario Ibérico de
Liberación, DRIL, se atribuye la absoluta responsabilidad de los nuevos
atentados dinamiteros que han ocurrido en las más importantes ciudades de
España, incluyendo Madrid, Barcelona y San Sebastián”.
El artículo de Le Monde que recoge esa reivindicación…
Xavier: Porque vamos, esto lo reproduce el diario Le Monde.
Y el libro “Yo robé el Santamaría”, en el que Jorge de Sotomayor, uno de los líderes
del DRIL, habla sobre la muerte de la niña y dice “de todos los sabotajes del DRIL, fue
la única víctima inocente”.
Isa: Qué interesante
Xavier: Sí.
También me enseñó el libro de un historiador que ya en el año 1985 habló de la
autoría del DRIL. Ese historiador se llamaba Luis Suárez Fernández.
Xavier: O sea, el historiador franquista number one dice, comillas, “El DRIL
preparaba la cadena de atentados que estallaría en los días 26 y 27 de junio
en el tren Barcelona-Madrid y en las consignas de estas dos estaciones y la de
San Sebastián causando un muerto y varios heridos”.
Esos datos, claro, no le llegaron a la familia Urroz. Y por eso, en medio de esa falta de
información, Montanyá piensa que es normal que la familia pensara que había sido
ETA.
Xavier: Lo que sí juega en contra de ETA es que así como el DRIL y los
anarquistas no tenían el objetivo de matar, ETA sí. Pues entonces claro, entre
unos que han hecho cosas y no han matado y otros que matar forma parte de
su…
Hablé mucho más con Montanyá. Volverá en otros episodios. Pero por ahora, es
suficiente para saber que, ya desde un día después del atentado, había bastantes
indicios de que la bomba que mató a la niña Begoña Urroz no la había colocado ETA,
sino el DRIL.
[Música]
Isabel: Donde hay confianza…
En cuanto volví de Barcelona, fui a visitar a Bego.
Begoña: Mientras te tomas la infusión y él se va haciendo el café…
…y nos sentamos a charlar en la cocina de su casa, pero casi nunca estábamos solas.
Begoña: Tú, Juan Luis, ¿qué quieres?
Isabel: Ah, igual un poco de leche.
Porque muy pronto se nos juntó Juan Luis, su marido, en algo que se fue convirtiendo
en un ritual.
Isabel: Estuve en Barcelona, Conocí a Xavier Montanyá.
Cada vez que tenía algo nuevo que contarles, iba a su cocina…
Bego: ¿Y? ¿Y es cierto? ¿Él dice, lo confirma, de que es el DRIL?
Y los tres nos sentábamos a charlar mientras tomábamos una infusión nosotras, un
café Juan Luis…
Juan Luis: ¿Y en qué se basaba?
Y algunas veces, muchas, hasta comíamos pasteles.
Isabel: Se basa en varias cosas. Una, que hubo una reivindicación en un
periódico de Venezuela al día siguiente.
Juan Luis: Ah, ¿sí? ¿Y eso está contrastado?
Isabel: Sí. Que Le Monde sacó una noticia diciendo que había sido el DRIL. Os
lo voy a leer, ¿vale? El título es “Los atentados son obra de una red
antifranquista, el DRIL”. 30 de junio del 60, de Le Monde.
Juan Luis: Dos días después.
Isabel: “Para la policía los atentados de bomba que han tenido lugar el
domingo y el lunes en las estaciones de Barcelona, Madrid y San Sebastián…
… son obra de la red bautizada Directorio Revolucionario Ibérico de Liberación,
empleando a terroristas cubanos y habiendo establecido…
Isabel: … su cuartel general en Francia.
Begoña: Entonces ¿cómo durante tantos años se sigue diciendo que es ETA?
No lo entiendo. O sea, al final vas a pensar que es ¿por puro interés?
¿Políticamente?
Isabel: No lo sé.
En esas conversaciones en la cocina, al ir contándoles a Bego y a Juan Luis lo que iba
descubriendo, me fui dando cuenta de que también les estaba trayendo una parte de
su historia que no conocían.
Isabel: ¿Qué me decís de estas noticias que os traigo?
Begoña: Pues…
Juan Luis: De todas formas es muy raro todo esto, ¿no? Al final.
Bego: Se está viendo como que claro…
Y, poco a poco, en esa cocina, nos fuimos conociendo más, y también fui contándoles
mis dudas y mis miedos al hacer esta historia.
Isabel: Y en mi cabeza era como jo, ¿cómo vives toda la vida pensando que es
alguien y luego no?
Begoña: Y luego resulta que no es.
Isabel: Eso era lo que yo pensaba. Y de repente el día que vengo a hablar
contigo…
Y yo, que tantas veces había huido del tema vasco, que tantas veces me había
preguntado para qué me metía en este lío, me di cuenta de que me estaba haciendo
la pregunta incorrecta.
Begoña: ¿Te hubieras imaginado que encontrabas todo esto?
Que en realidad no se trataba de para qué hacía esta historia, sino de para quién la
hacía. Y ahí sí, lo tuve claro. Iba a hacer esta historia para Begoña.
[Música]
Y la iba a hacer, además, de manera literal: pasándome, a partir de ahora, a la
segunda persona.
Así que esta serie es para ti, Bego.
Bego: Ahí es donde tú te vas a comprometer, por decirlo de alguna manera,
porque…
Para que, entre lo que tú me has contado y lo que yo he ido descubriendo, puedas
tener, por fin, un relato de lo que pasó con la memoria de tu hermana Begoña. Por
qué tantos años de silencio y por qué, de repente, tanto ruido.
Isabel: En fin, chicos, pues no sé, ¿qué hacemos? ¿Vengo otro día?
Para entender, por ejemplo, por qué nadie le había hablado a tu familia de esos
documentos que me enseñó Montanyá, esos documentos que señalaban a la autoría
del DRIL, ni en los años 60, ni en los 70, ni en los 80, ni siquiera en los años 2000,
cuando alguien muy inesperado se interesó por vuestra historia.
Eso, en el próximo episodio.
Bego: Claro, sí, porque tú de repente descubres que en el 60 pasa, tal…
Isa: De repente veo que hay un…
Bego: Hay un lapsus de años ahí… Tú fíjate el tiempo que te está llevando todo
esto, toda esta información.
Isa: Desde la primera vez que te escribí, que no me hiciste caso…
Bego: Ya. Eso fue con la pandemia.
[Música]